Repartidora de pizza me deja ver su culito apretado
La chica de la pizzería era una diosa de piel canela y un culo que no podía dejar de mirar cada vez que pedía delivery. Un día, decidí ordenar para verla en persona y, al abrir la puerta, me quedé helado: llevaba un tanga negro que apenas cubría su coño mojado y unas medias que le resaltaban las piernas. No pude evitar fijarme en cómo se le marcaba el culo al agacharse para dejar la caja, y cuando le di propina, me guiñó un ojo y me dijo al oído que le encantaba cuando los clientes la miraban así. Sin pensarlo, la tomé de la cintura y la empujé contra la pared, metiendo mi mano bajo su falda para sentir lo caliente que estaba. Ella gimió fuerte cuando le arranqué el tanga y le metí dos dedos, mientras su coño chorreaba y me pedía que la follara duro. La levanté en brazos y la llevé al sofá, donde la puse a cuatro patas para empotrarla con mi polla bien dura, sintiendo cómo su culo rebotaba con cada embestida. Sus gritos se mezclaban con el sonido de mi polla entrando y saliendo de su coño apretado, hasta que no aguanté más y le llené el culo de leche caliente. Se quedó temblando, con la respiración agitada y el cuerpo sudado, mientras yo me limpiaba la polla en su tanga roto.