Perrinha rubia se depila el coño cachondo en la bañera
La rubia no podía resistirse más: su coño peludo le picaba como un demonio y cada vez que se tocaba gemía imaginando cómo quedaría bien depiladito y rosadito. Con las tetas turgentes rebotando al ritmo de sus movimientos, agarró la máquina de afeitar y se sentó en el borde de la bañera llena de espuma tibia. Las burbujas resbalaban por su piel blanca mientras deslizaba la cuchilla por los pliegues húmedos de su rajita, mordiéndose el labio inferior con un gemido ahogado. El agua caliente le corría por los muslos y el vello oscuro se enredaba entre las cerdas de la máquina, pero ella no se detenía: quería sentir cada centímetro de su conejito suave como la seda. La cuchilla rozaba su clítoris hinchado y un escalofrío le recorría la espalda, haciendo que sus pezones rosados se endurecieran aún más bajo el vapor del baño. Con los ojos entrecerrados por el placer, se inclinó hacia adelante para enjabonar bien la maquinilla y que no se le atascara entre los labios carnosos. La espuma se mezclaba con los hilos de vello que caían al agua turbia, mientras sus muslos se apretaban instintivamente al sentir el frío del metal contra su carne sensible. Cuando terminó, pasó los dedos sobre la piel recién depilada y soltó un suspiro de alivio mezclado con deseo: su coño ahora estaba tan liso que hasta el aire le hacía cosquillas. Se recostó contra la pared de la bañera, separando las piernas con un movimiento lento y deliberado, dejando que el agua le acariciara el coño depilado mientras se tocaba con movimientos circulares, imaginando una polla gruesa hundiéndose en su rajita estrecha. Los gemidos se le escapaban sin control mientras se imaginaba siendo empalada por detrás, con sus tetas balanceándose al ritmo de las embestidas brutales. El deseo le nublaba la vista y no pudo evitar meter dos dedos dentro, sintiendo lo apretadita y mojada que estaba, lista para recibir lo que fuera. El agua seguía goteando sobre su cuerpo tembloroso mientras se masturbaba con furia, imaginando que alguien la observaba desde la puerta entreabierta, listo para follársela sin piedad en cuanto saliera del baño.