La carpintera se empotra duro en el taller
Llevaba días espiándola por la rendija de la puerta del taller mientras lijaba madera con esos shorts ajustados que le marcaban un culo de infarto. Cada vez que se agachaba para alcanzar las tablas, él notaba cómo el coño se le humedecía solo de imaginar cómo sería sentir esa carne prieta apretándole la polla hasta ahogarla. Una tarde, cuando el calor apretaba y el sudor le perlaba la espalda, ella lo llamó desde el fondo del local con voz ronca y una sonrisa de puta que no pide permiso. Él no lo pensó dos veces: dejó caer el martillo, se limpió las manos llenas de aserrín en el pantalón y se acercó con la verga ya dura como un palo, rozando la cremallera al caminar. Ella, sin mediar palabra, se sentó sobre la mesa de trabajo con las piernas abiertas, mostrando un tanga empapado que él arrancó de un tirón con los dientes mientras le mordisqueaba el cuello hasta hacerla gemir como una loca. La primera embestida la dejó sin aire, con las uñas clavadas en su espalda mientras él la empotraba contra los listones de madera, haciendo crujir todo el taller con cada golpe de cadera. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba entre las paredes junto a los gruñidos de él y los gritos ahogados de ella, que no paraba de chillar que la llenara más fuerte, que no se detuviera ni un puto segundo. Él le sujetó las tetas pequeñas y duras con una mano mientras con la otra le apretaba el culo para hundirse más adentro, sintiendo cómo el coño se le contraía a su alrededor como un puño caliente. El sudor les resbalaba por la piel, mezclándose con el olor a madera recién cortada y a sexo sucio, mientras ella se corría gritando su nombre como una posesa, con los muslos temblorosos y la leche saliéndole a chorros por la raja al sentirlo vaciarse dentro con un rugido animal. Cuando por fin se separaron, ella tenía las piernas temblorosas y él la polla chorreando, brillante con sus jugos y el semen que se escurría por su muslo. No volvieron a usar herramientas ese día, porque el taller quedó convertido en el puto escenario de la follada más salvaje que jamás habían vivido.