La empleada le chupa la polla al jefe por la cena
La joven morena de labios carnosos no podía dejar de mirar la entrepierna del jefe cada vez que él se sentaba en su escritorio, imaginando cómo se sentiría esa polla gruesa en su boca. Un día, después de trabajar hasta tarde, él le ofreció llevarla a cenar, pero con una condición: quería que ella le pagara con su boca antes de salir. La chica, excitada por la idea, lo siguió hasta el baño de la oficina, donde él se bajó los pantalones y le mostró su verga dura, lista para ser chupada. Ella se arrodilló en el piso frío, abriendo bien la boca para recibir cada centímetro de esa polla caliente, mientras él le agarraba el pelo y la empujaba más adentro, haciendo que se atragantara con cada embestida. Los gemidos de placer de ella resonaban en las paredes del baño, mezclándose con el sonido de la saliva y los jadeos del jefe, que no podía creer lo bien que le chupaba la polla esa empleada. Cuando él ya no aguantó más, le agarró la cabeza con fuerza y le llenó la boca con su leche espesa, mientras ella tragaba cada gota como una puta hambrienta. Al terminar, él le limpió los labios con los dedos y le dijo que la cena estaba cancelada, pero que podía volver al día siguiente para repetir el trato.