Novia asiática se deja empotrar mientras trabaja
La tipa lleva días rozando su culo prieto contra el borde de la mesa cada vez que él pasa cerca, mordiéndose el labio inferior con esos morritos carnosos que tanto le vuelven loco. Él no aguanta más y la agarra por la cintura, arrinconándola contra la pared del estudio mientras le baja el pantalón ajustado que le marca esas nalgas redondas que parecen hechas para sus manos. Ella suelta un gemido ahogado cuando la polla gruesa le roza el coño empapado, notando cómo el calor le sube por el vientre al sentirlo listo para clavársela sin piedad. Él le arranca la blusa sin desabrochar los botones, dejando al descubierto unos pechos naturales que saltan con cada respiración agitada mientras él le chupa los pezones duros como piedras. Las embestidas son brutales, el culo le rebota contra su pelvis con cada embestida profunda que le hace gritar de placer, con los muslos temblorosos y el coño chorreando jugos por todas partes. Ella se agarra al escritorio como puede, con las uñas arañando la madera mientras él le susurra al oído lo buena que está, lo mucho que disfruta viéndola correrse sin parar. La polla le late dentro con cada sacudida, hinchándose hasta que no puede aguantarse más y le vacía los huevos hasta dejarla llena de lefa espesa que le escurre por las piernas al separarse. Ella se queda allí, jadeante y satisfecha, con la piel brillando de sudor y el coño palpitante, mientras él le da un cachete en el culo antes de volver a empotrarla sin avisar.