Madrastra tetona se monta mi verga gorda hasta correrse
La madrastra rubia de ojos azules no aguantó más las ganas de sentir mi polla dura entre sus piernas, así que se quitó el tanga y se sentó sobre mí en el sofá de la sala. Su coño estaba bien mojado y caliente, y cada vez que se bajaba y subía, gemía como una puta en celo. Mis manos apretaban sus tetas grandes y naturales mientras ella movía su culo perfecto, haciendo que mi verga penetrara hasta el fondo. Sus nalgas gordas rebotaban contra mis bolas, y cada embestida la hacía gritar más fuerte. La madrastra se agarraba los pechos mientras me cabalgaba, sus labios carnosos entreabiertos y sus ojos vidriosos de placer. Cuando ya no pudo más, se corrió con un chorro de leche que empapó mi polla, y yo también me vine dentro de su coño apretado. Su piel blanca y suave brillaba con sudor, y su cara bonita estaba roja de excitación. Después de follar como animales, se dejó caer sobre mí, jadeando y con una sonrisa de satisfacción. Fue un polvo caliente y salvaje que nunca olvidaré.