Padrastro le hace mamada a hijastra de tetas pequeñas
Desde que entró a vivir con ellos la niña no paraba de mover ese culito prieto cada vez que pasaba por su lado, especialmente cuando se ponía esos shorts ajustados que le marcaban el coño sin piedad. El padrastro no pudo resistirse más y una tarde, mientras la madre estaba en el trabajo, la encontró en la sala viendo un video en el móvil con las piernas abiertas sin darse cuenta de que él la observaba desde el marco de la puerta. Con la boca bien abierta y la lengua ya colgando, se acercó sin hacer ruido y le agarró la cabeza con fuerza mientras le susurraba al oído que no parara de gemir así, que le encantaba ver cómo se le ponían los pezones duros como piedras bajo esa camiseta fina que apenas le tapaba las tetas pequeñas pero bien formadas. Ella, sin pensarlo dos veces, se dejó llevar por el impulso y le soltó la polla de su pantalón flojo, sintiendo cómo ya goteaba pre-semen mientras la agarraba con una mano temblorosa pero decidida. Los primeros lametones fueron lentos, saboreando cada vena palpitante y jugando con el glande antes de metérsela toda hasta la garganta, ahogándose un poco pero sin soltarla ni un segundo. Él le sujetaba el pelo con rudeza, empujando su cara contra su entrepierna cada vez que ella intentaba retroceder para respirar, mientras escuchaba los gruñidos guturales que salían de su pecho mezclados con los sonidos húmedos de su boca chupando con desesperación. Las tetas le rebotaban ligeramente con cada movimiento de su cabeza, los pezones rozando contra su muslo cada vez que se acercaba más, y aunque eran pequeñas, se le veían duras y excitadas, delatando lo que realmente le gustaba sentir esa polla gruesa y palpitante dentro de su boca. Cuando él notó que el cuerpo de ella se tensaba y que los gemidos se volvían más agudos, aceleró el ritmo, embistiéndole la garganta sin piedad mientras le agarraba las tetas con ambas manos, apretando los pezones entre sus dedos hasta que ella soltó un chillido ahogado y se corrió sin poder evitarlo, tragándose su leche espesa mientras le seguía chupando hasta dejarla completamente seca. La dejó caer de rodillas sobre la alfombra, jadeando y con los labios rojos e hinchados, mirando cómo él se guardaba la polla aún dura y le decía que esa era solo una probadita de lo que le esperaba si seguía portándose así de putita.