Mejor amiga de mi esposa me empotra sin piedad
Ella llegó con ese vestido ajustado que le marca cada curva y unos tacones que le hacen el culo botar como si no hubiera mañana, las bragas blancas ya le asomaban empapadas bajo la minifalda. Mientras su mano jugaba con mi entrepierna por encima del pantalón, me susurró al oído que llevaba semanas wanting esto, que su coño chorreaba solo de pensar en mi polla metida hasta el fondo. La agarré por la cintura y la empujé contra la pared del salón, mis dedos le arrancaron el top ajustado dejando al aire unas tetas pequeñas pero duras que se le movían con cada respiración acelerada. Entre gemidos ahogados me rogó que no le hiciera caso a las bragas que ya le destrocé de un tirón, pues necesitaba sentirme dentro antes de que su amiga —mi esposa— llegara del supermercado. La levanté como si no pesara nada y la tiré sobre el sofá, sus piernas abiertas mostrando un coño depilado y brillante que brillaba bajo la luz de la lámpara. Me lancé sobre ella como un animal, mi boca devorando sus pezones mientras mis manos le apretaban el culo prieto, marcándole las nalgas con mis dedos al ritmo de mis embestidas brutales. Ella gritaba mi nombre como una puta desesperada, sus uñas largas y pintadas de rojo se clavaban en mi espalda mientras su coño se contraía alrededor de mi verga, avisándome que el orgasmo estaba cerca. Sentí cómo su leche me bañaba la polla cuando se corrió con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo, pero no me detuve ahí: la volteé boca abajo y le metí la verga hasta la garganta mientras le azotaba las nalgas con la mano abierta, el sonido de la carne chocando contra carne llenaba la habitación. Cuando por fin me dejé ir, mi corrida le llenó el coño hasta desbordarse, gotas espesas resbalando por sus muslos mientras ella jadeaba, exhausta pero con una sonrisa de puta satisfecha en la cara. Antes de que pudiera vestirse, escuchamos la llave en la puerta y se escabulló como una ladrona, pero el olor a sexo y a su perfume barato quedó flotando en el aire, recordándome que esta no sería la última vez.