Puta pelirroja empalada por verga de futa enorme
La pelirroja no podía apartar la vista de ese bulto monstruoso que se le marcaba bajo los pantalones ajustados de la futa cuando entraba al bar. Cada vez que pasaba a su lado, el perfume a sudor y testosterona le nublaba la cabeza y le mojaba el coño sin remedio. Sin pensarlo dos veces, se le lanzó encima en cuanto la puerta se cerró, arrancándole la blusa con los dientes para dejar al descubierto unos pechos enormes que rebotaban como gelatina al ritmo de sus gemidos. La verga de la futa, gruesa como un brazo y morada por el deseo, le resbaló entre los labios antes de que pudiera reaccionar, obligándola a abrir bien la boca para tragársela hasta la garganta mientras las lágrimas le caían por las mejillas. 'Chúpala bien, zorra, que te va a reventar el coño', le gruñó al oído mientras le agarraba los pelos y se la clavaba hasta el fondo, sintiendo cómo su lengua le recorría cada vena palpitante. Ella, con los muslos temblorosos y el culo ya en pompa sobre la mesa del bar, solo atinó a arquear la espalda y a gemir como una puta en celo mientras la polla le abría el coño a lo bestia, empalándola sin piedad. La futa, con los huevos apretados y la respiración entrecortada, le dio media vuelta de golpe y la empotró contra la barra, clavándosela tan hondo que los labios vaginales le rodearon la base como un anillo devorador. Los sonidos húmedos de carne chocando contra carne resonaban en el local vacío, mezclados con los gritos ahogados de la pelirroja, que se corría una y otra vez sin poder controlarse, su coño chorreando leche por todo el mueble mientras la verga le reventaba por dentro. La futa, lejos de parar, le agarró las tetas con ambas manos y se las estrujó hasta dejarle marcas rojas, embistiéndola con furia animal hasta que sintió cómo su polla se hinchaba dentro de ese coño estrecho y caliente antes de soltar un chorro espeso que le llenó las entrañas hasta rebosar. Cuando por fin se retiró, la pelirroja quedó tirada sobre el mostrador, jadeando como un animal herido, con las piernas abiertas y el coño goteando semen por dentro y por fuera, tan mojada que hasta el suelo estaba baboso bajo sus pies.