Argentinita caliente se traga la polla bien dura
No pudo resistirse cuando él le agarró el pelo y le metió hasta la garganta su verga gruesa y palpitante. Desde el primer lametón en su clítoris, Almendra supo que iba a acabar más mojada que un charco en temporada de lluvias. Él le mordisqueó los pezones rosados mientras ella le chupaba la punta con avidez, gimiendo cuando la polla le rozó el fondo de la garganta. Con un empujón brusco, la tumbó boca abajo y le abrió las piernas para empalarla de una sola embestida, haciendo que su coño apretado y jugoso gritara de placer. Almendra se agarraba a las sábanas mientras él le metía la verga hasta el útero, sus caderas chocando contra su culo redondo y tembloroso. Cada vez que la embestía fuerte, ella soltaba un aullido de placer que se mezclaba con el sonido húmedo de sus cuerpos chocando. Él le agarró las tetas pequeñas y firmes mientras le susurraba guarradas al oído, ordenándole que se corriera sobre su polla antes de tragársela toda. Almendra no pudo aguantar más: su coño se contrajo como un torno alrededor de la verga, empapándole el pubis mientras gritaba que no podía más. Él no se detuvo, la levantó como si pesara nada y la puso contra la pared en posición cuchara, clavándole la polla hasta el fondo con cada movimiento de cadera. El sonido de sus cuerpos sudados y el olor a sexo llenaban la habitación mientras ella se dejaba llevar, su boca buscando ansiosa la polla otra vez para tragársela entera hasta que él se corrió dentro de su boca con un gruñido animal. Almendra no desperdició ni una gota, lamiendo cada centímetro de la verga antes de lamerse los labios con una sonrisa pícara. Él la miró con lujuria y le dio un azote en el culo mientras le decía que no se fuera, que aún no había terminado con ella.