No esperamos al segundo encuentro y follamos como animales
La chica morena me miró con esos ojos de puta desde el primer momento, y yo ya sabía que no aguantaría hasta el segundo date. En el cuarto, sus tetitas pequeñas se movían con cada respiración mientras me agarraba la polla con sus manitas, gimiendo como una perra en celo. Le bajé el tanga con los dientes y le metí los dedos en el coño bien mojado, sintiendo cómo se retorcía de placer. La puse a cuatro patas y le empecé a dar por detrás, sintiendo cómo su culo apretado me apretaba la verga con cada embestida. Ella no paraba de gemir, pidiendo más, más duro, mientras yo le agarraba las tetas y le mordía el cuello. Cuando ya no aguanté más, me corrí sobre su culo perfecto, dejando mi leche caliente resbalar por su piel. Después, se quedó tirada en la cama, jadeando, con el coño aún palpitando y el cuerpo temblando de satisfacción. Fue una follada salvaje, sin preámbulos, pura pasión animal desde el primer segundo. Y lo mejor es que ni siquiera habíamos terminado la cena.