El profesor me enseñó arpegios y luego su polla en el banco del piano
Llevaba años escuchando sus clases de piano, imaginando cómo sería sentir sus manos sobre mí, pero nunca pensé que terminaría con su polla dura empotrándome contra el banco mientras sus dedos marcaban el ritmo en mi culo. Todo empezó con una mirada demasiado larga después de una clase, sus ojos bajando hasta mis labios pintados de rojo, y yo mordiéndome el labio sin poder evitarlo. Al día siguiente, me invitó a quedarme después de la práctica, diciendo que quería enseñarme algo especial, y cuando cerró la puerta, supe que no era música. Me empujó contra el piano, levantando mi falda para descubrir que no llevaba bragas, y su gemido al ver mi coño mojado fue lo más erótico que había escuchado. Me dobló sobre el banco, separando mis nalgas para meter su polla gruesa de una sola embestida, haciéndome gritar mientras sus manos apretaban mis tetas. Cada vez que entraba más hondo, el piano temblaba con el impacto, y yo no podía dejar de gemir, sintiendo cómo su verga me llenaba hasta el fondo. Cuando me corrió dentro, su leche caliente inundó mi coño apretado, y supe que nunca volvería a tocar el piano sin recordar cómo se sentía su polla en mi culo. Aún hoy, cuando paso por esa sala, me mojo al recordar cómo me folló contra ese banco, con sus dedos marcando el ritmo en mi cuerpo como si fuera su instrumento favorito.