MILF tetona se masturba con consolador gigante
La vecina cuarentona se quitó el vestido ajustado que le marcaba cada curva de su cuerpo de diosa mientras se relamía los labios gruesos mirándome fijamente a los ojos. Con un suspiro profundo se sentó en el sofá del living, separando sus piernas depiladas hasta dejar al aire su conito rosado y ya bien mojado que brillaba bajo la luz tenue. Agarró el consolador negro de eighteen pulgadas con ambas manos y lo acarició contra su muslo mientras gemía bajito, mordiéndose el labio inferior al sentir cómo la cabeza gruesa le rozaba el clítoris palpitante. No pudo resistirse más y se lo clavó de un solo envite, gritando mientras la polla falsa le llegaba hasta las entrañas, haciendo que su barriga se inflara con cada embestida que le arrancaba chorros de miel caliente que resbalaban por sus nalgas redondas. Se retorcía como una perra en celo, jadeando con voz ronca y ordenándome en tono suplicante que le diera más fuerte, que la llenara hasta ahogarla, mientras sus tetas enormes saltaban al ritmo de cada movimiento brusco. Sus pezones duros como piedras se balanceaban cada vez que se inclinaba hacia adelante para empalar su coño jugoso en la base del consolador, chorreando más líquido espeso que le encharcaba el sofá y le dejaba un charco baboso entre las piernas. Cuando por fin se corrió, su cuerpo se arqueó en una convulsión brutal, los muslos temblándole mientras una cascada de jugos le brotaba a chorros por el coño abierto, manchando el plástico negro del juguete que seguía embistiéndola sin piedad hasta dejarla exhausta, jadeando y con los ojos vidriosos mientras se derrumbaba contra los cojines, completamente satisfecha pero aún gimiendo en pequeños espasmos de placer residual.