La colombiana me suplica solo la punta pero me corro dentro
Andrea, con esos pechos enormes rebotando y ese culito redondo apretándome las caderas, no aguantó más y empezó a gemir como una puta descontrolada cuando le dije que solo le metiera la punta. La muy zorra se mordió los labios, se agarró de mis hombros y me rogó con voz de loca que no la dejara con las ganas mientras yo le llenaba el coño de leche caliente sin condón. Sus tetas grandes se sacudían como gelatina cada vez que la empotraba contra el colchón en posición perra, y el sonido de su carne chocando contra la mía llenaba la habitación junto a los gritos de '¡más, más, métemela toda!' que salían de su boca pintada de rojo. La colombiana no solo tenía un culo de infarto que se movía como si tuviera vida propia, sino que su coño estaba tan mojado que cada embestida hacía chapotear sus jugos por toda mi polla. Le encantaba que la tratara como a una cualquiera, le volvía loca sentirme dentro sin protección, sentir cada vena de mi verga frotándose contra sus paredes mientras le susurraba al oído lo putón que era. Cuando por fin me corrí dentro de ella, Andrea se corrió también, apretando mi polla con esos músculos que solo las latinas conocen, dejando su culo temblando y su coño goteando leche mezclada con los restos de mi corrida. La muy descarada se llevó los dedos a la boca para lamerse hasta el último rastro de mi semen mientras me miraba con esos ojos de perra en celo, lista para que le diera otra ronda aunque supiera que esta vez me correría aún más adentro. No hay nada como follar con una latina de tetas grandes y culito de infarto que sabe exactamente lo que quiere, aunque te pida solo un poquito y termine dejándote hasta la última gota dentro de su coño bien abierto y necesitado.