Padrastro lame el coño mojado de su hijastra rubia
Lilly Evans no pudo resistirse cuando su madrastra le susurró al oído que le encantaba sentir su lengua caliente entre sus muslos. La rubia, con su perfecto cuerpo curvilíneo y esos pechos enormes que se le salían del sujetador de encaje rosa, se dejó caer sobre el sofá mientras la madurona se arrodillaba entre sus piernas. Con un gemido ahogado, la más joven arqueó la espalda al sentir los primeros lengüetazos sobre su rajita depilada, que ya estaba empapada de jugos. La madastra, con sus tetas gigantes balanceándose mientras movía la cabeza con voracidad, succionaba con fuerza el clítoris hinchado mientras metía dos dedos gruesos dentro del coño estrecho para estirarlo al máximo. Lilly jadeaba como una perra en celo, mordiendo el cojín del sofá para no gritar cuando la lengua experta de su madrastra le lamía desde el culo hasta el ombligo, dejando un rastro de saliva caliente. La rubia, con los pezones duros como piedras y las nalgas apretadas, no podía creer que su madastra la estuviera comiendo con tanta pasión, como si fuera lo único que le importara en el mundo. Cada lametazo húmedo la acercaba más al orgasmo, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de los dedos que la penetraban sin piedad. La madurona, con su culo redondo y firme, se movía como una perra en celo, restregando su cara contra la entrepierna de Lilly mientras esta se corría con espasmos violentos, empapando la lengua y los dedos de su amante. Cuando por fin la rubia terminó de temblar, la madastra se subió encima de ella, frotando sus tetas contra las de Lilly mientras le susurraba obscenidades al oído, prometiéndole más placer si se dejaba dominar. El coño de Lilly, aún palpitante, no podía esperar para sentir algo más grande dentro, algo que la llenara hasta el fondo.