Madrastra me chupa la polla por buenas notas
Desde que saqué matrícula en el colegio, la muy zorra no para de babearme la verga cada vez que me ve pasar en calzoncillos. Hoy ni siquiera esperó a que cerrara la puerta del baño, me agarró de los huevos con esa boca caliente y empezó a chupar como una desesperada mientras sus tetas enormes se balanceaban contra mi pecho. Sentí su lengua juguetona lamerme el glande con lametones lentos, saboreando cada gota de pre-semen que brotaba mientras gemía como una putona necesitada. No aguanté ni dos minutos antes de empujarla contra el lavabo, bajarle el pantalón del pijama y empalarla por detrás con un empujón brutal que le hizo gritar con la boca llena de mis pelotas. Su coño empapado abrazó mi polla como un guante mientras cabalgaba sobre mí en la postura de vaquera, sus nalgas redondas chocando contra mis muslos con cada embestida. Cuando la volteé para ponerla boca arriba sobre la alfombra, sus tetas botaban como dos sandías maduras mientras yo le metía la verga hasta la garganta y le llenaba la boca de leche espesa que escupió por las comisuras al correrse con un aullido de puta satisfecha. Terminó empapada en semen por todas partes: en la cara, en los pechos, incluso en el pelo rizado que le quedó pegajoso como miel derramada. Pero lo mejor fue verla lamerse los labios después, susurrando que solo quería más porque ‘una polla así no se encuentra todos los días’ mientras yo me reía y le apretaba el culo para darle el próximo round.