Carla la jefa coño empapado la chupa su empleado
Carla, la jefa con tetas grandes y curvas que derriten a cualquiera, llevaba días lanzándole miraditas húmedas a su empleado más nuevo mientras le explicaba los informes con voz de puta caliente. Hoy no pudo más y lo arrastró hasta su oficina tras el almuerzo, cerrando la puerta con llave mientras se le escapaba un gemido de puro deseo cuando él le lamió el cuello sudado. El tipo, con la polla ya dura como una piedra, no necesitó que le dijeran nada: se le tiró encima sobre el escritorio, le arrancó el tanga de encaje negro que le marcaba el culo prieto y le metió los dedos en el coño empapado mientras ella jadeaba como una puta en celo. La muy zorra le agarró la verga con fuerza y se la metió hasta la garganta, chupándola con desesperación hasta que él le escupió saliva en la raja para que resbalara mejor. Luego la volteó boca arriba, le levantó las piernas bien altas y se la empaló de un solo envite, sintiendo cómo su coño tragaba cada centímetro de su polla gruesa mientras los dos gritaban como animales en celo. La jefa le clavó las uñas en la espalda y le ordenó que la follara más fuerte, con embestidas brutales que hacían temblar el mueble hasta que sus tetas gigantes saltaban sin control con cada golpe. Él le agarró el culo prieto y se la metió hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se cerraba como una tenaza alrededor de su verga mientras ella se corría en chorros calientes que le empaparon los huevos. La muy perra le pidió que no se detuviera, que le diera hasta la última gota, y él, con los huevos a punto de reventar, le soltó todo dentro hasta dejarla llena, sudorosa y con las piernas temblorosas de tanto placer. Cuando por fin se separaron, ella se quedó tirada en el escritorio, con el coño goteante y el rímel corrido, mientras él se limpiaba la polla con su propio semen fresco y se reía al ver cómo la puta de su jefa no podía ni levantarse del orgasmo.