Agente inmobiliaria de tetas enormes te regala la casa
La agente le susurra al cliente que la casa incluye servicio extra mientras le aprieta esas tetazas blanditas contra el pecho, y él no puede evitar que se le ponga dura al ver cómo se le marcan los pezones bajo la blusa ajustada. Ella nota su erección y sonríe con malicia, pasándose la lengua por los labios carnosos antes de guiarlo por el salón con un movimiento de cadera que hace temblar ese culazo que se le marca bajo el vestido ceñido. Él traga saliva al ver cómo la tela se le pega a las tetas al agacharse, ofreciéndole una vista perfecta del escote profundo donde se le ven las sombras del sujetador transparente. "Esta casa tiene detalles que no están en el contrato", le susurra al oído mientras le frota la polla dura contra el muslo, haciéndole gemir sin poder evitarlo. Él no resiste más y la empuja contra la pared, arrancándole un gritito de sorpresa que se convierte en un gemido largo cuando ella le baja la cremallera y saca esa verga gruesa que le palpita en la mano. La agente se chupa los labios al verla, arrodillándose en el suelo de madera para metérsela hasta la garganta con un gemido que le hace vibrar las tetas grandes y pesadas, que rebotan con cada embestida que él le da en la boca. "Ah, joder, qué rica estás", gruñe él mientras le agarra del pelo y le clava la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño empapado ya está goteando por el solo hecho de sentirlo dentro. Ella se retuerce de placer, agarrándose a sus caderas mientras él la levanta del suelo y la empotra contra la mesa del comedor, haciendo que las tetas le boten salvajemente con cada embestida profunda que le da en el coño mojadísimo. "Más fuerte, cabrón", jadea ella, con los ojos vidriosos y los labios entreabiertos mientras él la penetra como un animal, sintiendo cómo su culo redondo y prieto se le pega a la barriga con cada golpe de cadera. Él no aguanta más y se corre dentro de ella con un gruñido gutural, llenándole el coño de leche caliente mientras ella se corre al mismo tiempo, gritando su nombre con la voz rota mientras su cuerpo se estremece entre espasmos de placer. Las tetas le tiemblan como gelatina contra su pecho, y él no puede evitar morderle un pezón mientras la agarra del culo para no caer redondo al suelo, exhaustos y satisfechos después de una follada que les dejó los cuerpos brillantes de sudor y las sábanas del sofá manchadas de jugos y semen.