La morena paga el alquiler follando con la vecina
Llevaba días espiándola por el balcón mientras se cambiaba de ropa interior, la morena de tetas enormes y culo prieto que se movía como una zorra en celo cada vez que se ponía ese tanga rojo que le marcaba el coño empapado. La vecina rubia, con esos labios carnosos y unas bubis que le rebotaban al caminar, no pudo resistirse cuando la morena le soltó un '¿te apetece un polvo que me quite el estrés del alquiler?'. Sin pensarlo dos veces, la morena se quitó el vestido dejando al descubierto unos pechos naturales que le colgaban jugosos y un coño depilado que brillaba bajo la luz del dormitorio. La rubia, con las bragas ya empapadas de excitación, se lanzó a chuparle los pezones mientras le metía dos dedos en el coño goteante, arrancándole gemidos ahogados que le erizaron la piel. La morena, sin perder un segundo, la empujó contra la pared y le arrancó las bragas de un tirón, dejando al descubierto un chocho rosado y resbaladizo que le pedía a gritos que la empotrara contra la madera. Con un gruñido animal, la morena la levantó en volandas, le abrió bien las piernas y le clavó la polla enorme que llevaba horas dura sin poder sacársela de la cabeza, sintiendo cómo el coño de la rubia se estremecía al recibir cada embestida brutal. La morena le agarraba las tetas con fuerza mientras la empotraba contra la pared, haciendo que los pechos de la rubia se sacudieran con cada golpe de cadera, mientras le susurraba al oído lo buena que estaba y lo mucho que le encantaba follarle ese culito prieto que se le movía como loca. La rubia no aguantó más, se corrió gritando como una puta descontrolada, con el coño empalado en la polla que la llenaba hasta la garganta, mientras la morena le lamía el cuello y le mordisqueaba los pezones con desesperación. Cuando la morena sintió que el coño de la rubia se contraía alrededor de su verga, se dejó llevar y le soltó una leche espesa que le resbaló por los muslos, dejando a ambas jadeando y sudorosas sobre la alfombra del dormitorio, con las tetas todavía temblorosas y el coño chorreando leche y jugos de tanto placer.