Clea Gaultier se corre un facial bien grueso
La francesa no pudo aguantarse cuando vio cómo el modelo se le empinaba tras quitarse la toalla en el estudio. Sus tetas grandes se balanceaban cada vez que se acercaba, y él no pudo resistirse a lamerle el coño empapado antes de que ella misma se montara sobre su polla dura como una roca. En cuestión de segundos, Clea gemía como una puta en celo, clavándole el culo contra su abdomen mientras chupaba cada centímetro de esa verga que le reventaba las paredes del coño. La cámara captó cómo le brotaban gotas de sudor entre las tetas, y él no aguantó más: le agarró la cabeza y le disparó un chorro grueso de leche caliente por toda la cara, dejando manchas blancas en sus labios carnosos y en sus mejillas sonrojadas. Ella se relamió los restos mientras seguía frotándose el clítoris hinchado contra su muslo, pero él ya le estaba pasando los dedos por el pelo para limpiarle la leche que le resbalaba por la nuca. Clea no pudo evitar soltar un gritito cuando él le dio la vuelta y la puso boca arriba, abriéndole las piernas para seguir lamiéndole el coño hasta dejarla completamente mojada y temblorosa. La polla le palpitaba junto a la oreja mientras él le susurraba obscenidades en francés, ordenándole que se corriera otra vez antes de que él descargara dentro de ella de una vez por todas. Los gemidos se mezclaban con el sonido húmedo de los besos entre sus piernas, y al final, cuando la polla le reventó dentro con un empujón brutal, Clea gritó como si se le fuera la vida, sintiendo cómo el semen le quemaba las entrañas hasta dejarla sin aliento. La foto del rodaje no captó ni la mitad de lo que pasó aquí, porque entre tomas él la arrastró al suelo del estudio y le metió la polla hasta el fondo mientras ella se agarraba a sus muslos musculosos, pidiendo más a gritos. La leche le resbalaba por la barbilla, las tetas le temblaban cada vez que él se la empotraba, y al final, cuando la corrida le llenó el coño hasta desbordarse, Clea se quedó tirada en el suelo, con las piernas abiertas y la mirada perdida, completamente satisfecha por haber cumplido su fetichismo más sucio.