Hermana sexy se deja follar sin parar hasta correrse
La hermana mayor llevaba días tirándole miraditas de arriba abajo mientras se cambiaba en el cuarto, con esos pares de tetas enormes rebotando cada vez que se agachaba. Él no pudo resistirse y al verla en tanga mojado por el agua de la ducha, se le fue la mano sin querer. Pero una vez que sintió el coño apretado de su hermanastra chorreando por los nervios, ya no hubo vuelta atrás. Le agarró el culo prieto con las dos manos y se lo empotró sin piedad, sintiendo cómo su polla se hundía hasta el fondo en esa vagina caliente y estrecha. Ella gimió como una puta descontrolada, mordiéndose el labio mientras le pedía que le diera más fuerte, que no parara hasta dejarla bien llena de leche. Él no necesitó más, así que la levantó contra la pared y se la folló a lo perrito, con embestidas brutales que hacían temblar sus tetas grandes y pesadas. Cada empujón le arrancaba un jadeo ronco, mezclado con los sonidos húmedos del choque de carnes y el chapoteo de sus muslos mojados. Cuando ella sintió la cabeza de su polla rozarle el punto más sensible, se corrió gritando su nombre, apretando el coño como un tornillo alrededor de su verga. Él no aguantó más y descargó toda su leche bien adentro, llenándola hasta el fondo mientras le recorría la espalda con los dedos temblorosos. Los dos quedaron jadeantes, pegajosos y satisfechos, sabiendo que esa follada improvisada había sido solo el principio de lo que venía.