Profesora rubia muestra sus trucos en el coche
La rubia de tetas perfectas llegó con sus medias de red y ese aire de superioridad que solo una puta con estudios sabe imitar. Él, un chavalín de instituto con la polla dura desde que la vio entrar al aula con ese vestido ajustado, no pudo resistirse cuando ella le susurró al oído que necesitaba un favor en el coche antes de la clase de matemáticas. La muy zorra se subió el vestido hasta la cintura y se quitó las bragas sin dejar de mirarlo con esos ojos verdes llenos de lujuria, mientras él se bajaba la cremallera del pantalón y sacaba su verga palpitante, gruesa y llena de venas. Ella se agachó sobre sus rodillas, le agarró el tronco con ambas manos y se lo metió en la boca hasta que sus labios rosados cubrieron cada centímetro de su carne caliente, chupando con desesperación y haciendo círculos con la lengua alrededor de la cabeza mientras él gemía y le agarraba la cabeza con fuerza. Cuando ya no pudo más, la levantó en volandas y la empotró contra la ventanilla empañada del coche, con sus tetas perfectas rebotando al ritmo de cada embestida profunda mientras ella gritaba de placer, su coño completamente mojado y listo para recibir todo lo que él le diera. Él la penetró por detrás con tanta fuerza que el asiento crujía, su culo redondo y prieto apretando contra su pelvis cada vez que la embestía hasta el fondo, mientras sus tetas colgaban libres fuera del vestido, balanceándose salvajemente. Ella se corría en espasmos, su leche resbalando por sus muslos mientras él le escupía en la boca abierta y le ordenaba que se tragara cada gota de su corrida caliente, sin dejar de mover las caderas con movimientos circulares que la dejaban sin aliento. El coche quedó lleno del olor a sexo y sudor, con los cristales empañados y las medias de ella completamente arruinadas, mientras él se vestía lentamente sin dejar de mirarla, satisfecho de haberle enseñado a la profesora quién mandaba en realidad.