La zorra caliente se traga creampies de extraños en vivo
La morena llevaba días echando miraditas al ver a esos tipos con las camisas mojadas de sudor en la fiesta del dormitorio de la universidad, pero hoy no iba a quedarse solo en eso. Cuando el primero se le acercó con esa verga gorda brillando bajo el látex de las medias negras que le apretaban el culo como un guante, no pudo resistirse y se dejó caer de rodillas en medio de la sala llena de borrachos. El muy cabrón le agarró la nuca con fuerza y le metió la polla hasta la garganta mientras sus amigas gritaban de la risa, pero a ella solo le importaba el sabor salado que le inundaba la boca y la forma en que esa verga enorme le estiraba los labios. Pronto llegó el segundo, más alto y con una verga aún más larga que le rozaba la espalda mientras el primero le empalaba el coño a cuatro patas sobre el sofá, haciéndola gemir como una puta en celo con cada embestida que le llegaba hasta las entrañas. El marido de la zorra, borracho perdido, solo atinó a masturbarse mientras veía cómo esos tipos le llenaban el coño de leche espesa una y otra vez, dejando burbujas blancas que resbalaban por sus muslos temblorosos y le manchaban las medias hasta dejarla empapada en un olor a sexo y semen que llenaba toda la habitación. Cuando el tercero le agarró las tetas sudorosas y le metió la verga por el culo sin avisar, la morena chilló como una cerda en matadero pero no lo detuvo, sintiendo cómo ese pedazo de carne le abría el agujero hasta hacerla llorar mientras el líquido caliente le brotaba del coño y le resbalaba por las nalgas, mezclándose con el sudor y los restos de otras corridas anteriores que ya le cubrían el vello púbico. El cuarto tipo no pudo resistirse y le escupió en la boca antes de correrse sobre su cara, y ella, jadeante y con los ojos vidriosos, solo atinó a lamerse los labios mientras más leche le caía en el regazo desde su coño abierto y palpitante.