Rubia caliente no puede manejar después de esto
Esa perra de tetas operadas no paraba de restregarse contra la barra del bar mientras el muy cabrón de Mike Hunt le susurraba al oído lo que le iba a hacer con esa polla de verdad gruesa que le colgaba entre las piernas. Ella, con los ojos azules borrachos de lujuria, no pudo resistirse cuando él le arrancó el tanga de encaje negro con los dientes y le lamió el coño depilado hasta dejarla temblando. La muy puta gemía como una posesa mientras él la empotraba contra la pared en posición de perrito, clavándole la verga hasta tocarle el fondo de las entrañas y haciéndola gritar de placer. En el suelo, su lencería de encaje se convertía en trapos mojados mientras Mike la follaba a cuatro patas, alternando embestidas brutales con lamidas en el culo que la dejaban sin aire. Cuando por fin la volteó para cabalgarla al estilo vaquera invertida, ella se agarró a sus tetas de silicona y cabalgó sobre esa polla monstruosa hasta que los dos se corrieron a la vez, ella con la espalda arqueada y él gruñendo como un animal mientras le vaciaba los cojones dentro. Después, cuando intentó levantarse para irse, las piernas le temblaban tanto que casi se cae de culo en el suelo de la habitación, con el maquillaje corrido y el coño todavía goteando leche del cabrón de Mike. El muy hijo de puta le dejó una marca de mordida en el hombro que le duró una semana, pero a ella no le importó ni un carajo porque valió cada segundo de ese polvo salvaje que la dejó sin poder manejar ni un maldito volante después de correrse como una loca.