Ross Shop me manda un video rico mientras hago live a mis ositos
—'Abre bien las piernas, perra, que te voy a empotrar con este dildo hasta que grites mi nombre'— me susurró Ross Shop al oído mientras me agarraba el culo con fuerza, apretando mis nalgas contra su cuerpo. Yo ya estaba mojada de solo escuchar su voz, sabiendo que me iba a follar duro mientras mis ositos me veían en la transmisión, sin saber que su jefa les estaba dejando el coño bien abierto para que me metieran ese juguete enorme. Me arrodillé en la cama, temblando, mientras Ross Shop me empujaba el dildo contra la entrada, humedeciéndolo con mi propia leche antes de clavarlo de una estocada. Grité, pero ella me tapó la boca con la mano, riéndose de lo apretada que estaba. —'No te corras hasta que yo te lo diga, puta'— me ordenó, y yo solo pude gemir, sintiendo cómo ese juguete me llenaba hasta las pelotas, rozando cada terminación nerviosa. Mis tetas rebotaban con cada embestida, los pezones duros como piedras, y Ross Shop no perdía el tiempo en humillarme, llamándome su perra sumisa mientras me follaba contra el colchón. —'Pide permiso para correrte'— me exigió, y yo, jadeando, le rogué entre lágrimas de placer, —'Por favor, Ross, déjame explotar, te lo suplico'— hasta que al fin, con un gruñido, me soltó, y yo me vine como una loca, el coño palpitando alrededor de ese dildo mientras mis ositos me veían perder el control. Ross Shop se rio, satisfecha, y me dejó ahí, temblando, con su voz resonando en mi cabeza: —'La próxima vez te voy a grabar para que todos vean lo bien que te comes los juguetes'