Princesa angelical recibe doble empalme con talones
La rubia de ojos claros no podía creer que su fantasía más prohibida se hiciera realidad en el camerino del estudio de anime donde trabaja: ser empalada por dos pollas al mismo tiempo mientras sus tacones de aguja se hundían en el suelo de madera. Llevaba puesto un vestido ajustado color marfil que apenas cubría sus tetas pequeñas y naturales, y el coño le quemaba de lo mojado que lo tenía desde que el director le ordenó posar con esa pose. Al sentir la primera verga rozándole el culo desnudo, soltó un gemido agudo y se aferró al borde de la mesa de maquillaje mientras la otra polla le lamía los labios del coño con la lengua gruesa y caliente de su compañera de reparto. La morena de pelo largo y cuerpo voluptuoso le susurró al oído que no tuviera miedo, que solo tenía que relajarse y dejar que la llenaran bien, y así fue: la polla del tipo tras ella le abrió el culo con un empujón brusco mientras la otra se clavaba en su coño chorreante hasta el fondo. Los tacones le hacían arquear la espalda de un modo obsceno, exponiendo aún más sus glúteos apretados y su conejita temblorosa, y cada embestida le arrancaba un quejido gutural mezclado con el sonido húmedo de carne contra carne. La rubia cerró los ojos y se dejó llevar, sintiendo cómo ambas vergas la estiraban hasta límites que ni siquiera sabía que existían, mientras sus tetas pequeñas rebotaban sin control contra la mesa. El primero en correrse fue el tipo por detrás, descargando su leche caliente en lo más profundo de su culo, lo que provocó que la morena acelerara el ritmo de sus embestidas en el coño, buscando el orgasmo que tanto anhelaba. Cuando por fin llegó, la rubia gritó como una loca, con el cuerpo convulsionando entre espasmos y el coño empapado de jugos que resbalaban hasta el suelo, dejando un charco blanco y espeso mezclado con sus corridas que manchaban el vestido y los tacones. Se quedó tirada sobre la mesa, jadeando y con las piernas abiertas, mientras las dos pollas le resbalaban por los muslos temblorosos y el olor a sexo inundaba el ambiente.