Follando con dildo gigante mientras mi cornudo mira
El sonido del plástico grueso chorreando lube me puso más duro de lo que ya estaba. Levanyae, esa perra morena de culo enorme, se sentó sobre mi consola negra, más gruesa que el brazo de cualquier cornudo, y empezó a hundirla despacio, solo para burlarse. 'Mírame bien, esclavo', le dijo a Arvenyx, ese gilipollas enjaulado que solo podía gemir mientras ella se empalaba entera de golpe. El dildo le estiraba los labios carnosos de la concha hasta hacerlos brillar, mojados como si ya se hubiera corrido tres veces. Yo aguanté su cintura y la empecé a empotrar contra el sofá, cada embestida sacando un gemido ronco de su garganta. '¿Te gusta ver cómo me rellena lo que a ti te falta?', le escupió, retorciéndose para que el otro dildo que tenía en la mano le rozara el clítoris. El olor a goma y sudor se mezclaba con el de su coño, caliente y espeso. Cuando se vino, el jugo le chorreó por los muslos hasta el sofá, y yo seguí follándola con la consola hasta que los ojos se le pusieron en blanco. 'Ahora chupa esto, perra', le ordené, metiéndole el dildo en la boca todavía goteando de su propia humedad.