Alemana sumisa chupa una polla gigante y obedece cada orden
—De rodillas, puta, y no cierres los ojos— le susurra él, ajustando su agarre en el pelo mientras la empuja más adentro. Alinagermanbabe, con los labios estirados al límite, gime alrededor del falo como una maldita esclava, tragando cada centímetro hasta que la punta golpea su garganta. Sus manos, atadas a la espalda, no pueden hacer nada más que recibir, mientras él guía sus movimientos con un dominio brutal. La saliva escurre por su barbilla, mezclándose con el aceite que lubrica el dildo que ella misma le imploró usar. —Quiero que te corras cuando yo lo diga, ¿entendido?— gruñe, tirando de su pelo hacia atrás para ver cómo sus pupilas se dilatan de vergüenza. Ella asiente, jadeando, la lengua temblando de anticipación. El sonido húmedo de cada embestida resuena en la habitación, mezclado con sus gemidos ahogados y el crujir de la lingerie rasgada. Cuando por fin le da permiso, sus músculos se tensan, un orgasmo desgarrador la recorre mientras él se corre sobre su cara, pintando sus labios con su leche espesa. La próxima vez, la hará usar un tapón anal mientras repite este ritual de sumisión.