La puta Stella Rose se monta en el juguete negro de aceite
La vi llegar al estudio con esa mirada de viciosa que no aguanta ni un segundo más. Stella Rose sabía que esto estaba mal, que no debería estar aquí con ese monstruo de goma negra brillando de aceite, pero el coño le ardía de ganas. Se agachó y lo agarró con las dos manos, sintiendo el peso del juguete, imaginando cómo se sentiría dentro. Primero se lo pasó por los labios, mojándolo con su saliva, antes de bajarlo hasta el culo, que ya estaba empapado. Se sentó de golpe, gimiendo fuerte al sentir cómo la abría de par en par, el aceite ayudando a que ese trozo de plástico negro entrara hasta las pelotas. Empezó a moverse arriba y abajo, el sonido de su carne chocando contra el juguete llenando la habitación. Cada vez más rápido, más fuerte, hasta que el culo le ardía y el coño le latía de placer. Stella Rose sabía que esto era pecado, pero no podía parar, no quería parar. Se corrió gritando, el cuerpo temblando, el juguete aún enterrado hasta el fondo. Y justo cuando pensaba que ya no aguantaba más, el sexo machine empezó a moverse solo, empujando hacia arriba con fuerza, haciendo que Stella Rose gritara de nuevo, el placer mezclándose con el dolor. No había vuelta atrás, solo el sonido de su carne siendo follada por esa máquina implacable. Y entonces, de repente, todo se detuvo. Stella Rose quedó quieta, el juguete aún dentro, el cuerpo temblando de placer y culpa.