Mily Moony se corre con un dildo en su cita de San Valentín
La puerta del cuarto está entreabierta, las cortinas apenas cubren la ventana y afuera se escuchan pasos de vecinos pasando por el pasillo. ¿Te imaginas que alguien nos descubre así, con mi coño empapado y el dildo enterrado hasta las pelotas mientras me empotro contra la pared? Te voy a contar cómo fue: empecé con los tacones puestos, las medias de nylon rozando mis muslos mientras me agachaba para chupar el juguete, imaginando que eras tú quien me lo metía. Los gemidos los ahogaba con la almohada, pero cada vez que el dildo golpeaba mi cuello del útero, no podía evitar soltar un quejido ahogado. Escuché el picaporte de la puerta moverse y me quedé helada, con el culo en pompa y la polla de plástico enterrada hasta el fondo. ¿Y si entraba mi novio ahora? La idea me excitó más, y empecé a moverme más rápido, imaginando que me castigaban por ser una puta desobediente. Cada embestida me acercaba al orgasmo, pero tenía que callar, solo dejar escapar un suspiro entre dientes cuando el placer me quemaba por dentro. Al final, cuando me vine, mordí la almohada para no gritar, sintiendo cómo mi coño se contraía alrededor del dildo, imaginando que eras tú quien me llenaba con tu leche caliente. Ahora, cada vez que escucho pasos afuera, me mojo otra vez pensando en lo cerca que estuvimos de ser descubiertos.