Lily O Riley alargando su coño con un dildo de Bad Dragon
Abro la puerta de la habitación con cuidado, escuchando si alguien podría pasar en ese momento, pero solo hay silencio en la casa mientras la luz de la tarde entra por la ventana y se refleja en su piel blanca como leche. Lily está acostada boca arriba en la cama, con las piernas abiertas de par en par, y ya tiene el coño empapado, sus labios rosados brillando con su jugo mientras se frota el clítoris hinchado con dos dedos finos. El dildo monstruoso de Bad Dragon, más grueso que mi polla, está a un lado, esperando su turno, y sé que va a llenarla más de lo que nunca ha estado. Le susurro al oído que alguien podría entrar en cualquier momento, que si su marido llegara temprano de trabajar, nos encontraría follando como animales, y eso la excita aún más: gime más fuerte, arqueando la espalda mientras introduce la punta del monstruoso juguete en su coño estrecho. A pesar de lo mojada que está, el dildo apenas cabe, y se agarra los muslos con las manos, mordiendo la almohada para no gritar cuando finalmente se lo clava hasta el fondo, sintiendo cómo cada centímetro del juguete la estira hasta que casi duele. Sigue moviéndolo dentro de ella, lento al principio, pero luego más rápido, perdiendo el control, mientras escuchamos con atención cualquier ruido en el pasillo, qualsiasi paso que indique que alguien se acerca. Cada vez que el dildo sale, veo cómo su coño succiona el aire, hambriento, antes de volver a empalarla, y sus gemidos se hacen más Ahhhhs cortados, más desesperados, como si supiera que en cualquier momento podríamos ser descubiertos. Le toco los pezones duros, los aprieto entre mis dedos, y ella arquea las caderas, pidiendo más, más rápido, más fuerte, hasta que no puede más y el orgasmo la sacude entera, su coño apretando el dildo como si quisiera devorarlo, sus ojos cerrados, sus pensamientos solo en ese momento de placer prohibido, en lo bien que se siente ser una puta mientras se corre como una loca.