Ross Shop se masturba con su tanga y se corre delicioso
La habitación estaba en penumbra, con la luz tenue de la lámpara de noche iluminando apenas el cuerpo de Ross Shop, que se retorcía sobre la cama mientras sus dedos se hundían bajo el tanga de encaje negro. Yo la observé desde la esquina, disfrutando cada gemido que escapaba de sus labios carnosos mientras se frotaba el coño mojado contra la tela fina. Le ordené que se quitara el tanga y obedeció al instante, dejando al descubierto su raja rosada y brillante de excitación. Con el dildo grueso en la mano, le dije que se lo metiera hasta que le doliera, y ella lo hizo sin rechistar, gimiendo fuerte mientras lo empujaba hasta las pelotas. La humillación la encendía más, y cada vez que le preguntaba si quería parar, suplicaba por más, rogando que la llenara otra vez. La vi correrse dos veces, con los muslos temblorosos y el coño chorreando miel espesa, hasta que al final me pedí que la empotrara contra el colchón y la dejé sin aliento. Cuando terminamos, el tanga quedó tirado en el suelo, manchado de su flujo caliente.