Padre lo atrapó masturbándose con el dildo de su novia
Era un secreto imposible de guardar: el dildo llevaba días escondido bajo su colchón, y cada noche Ryan Jacobs lo usaba imaginando al padre de su novia mirándolo desde el confesionario. La culpa le ardía en la entrepierna, pero no podía detenerse. La primera vez fue lento, frotando el gordo juguete contra sus bolas antes de hundirlo hasta las pelotas, gimiendo como un pecador en el infierno. La textura del látex le recordaba a la piel del sacerdote, suave pero firme, y eso lo hacía correrse más rápido. Hasta que una noche, la puerta se abrió de golpe. El padre estaba allí, con los ojos fijos en el dildo brillando entre sus muslos. "¿Qué demonios estás haciendo, muchacho?", preguntó, pero no se movió, como si él también sintiera el pecado corriendo por sus venas. Ryan Jacobs tragó saliva, aún con la polla dura, y el padre se acercó, agarró el dildo y lo empujó contra su propio culo, gruñendo: "Parece que hoy Dios nos castigará juntos."