Ross Shop se masturba con su dildo grueso y se corre como una diosa
No podía sacarse de la cabeza la imagen de su ex follándose a otra, así que Ross Shop decidió que era hora de vengarse... de la mejor manera posible. Se quitó la ropa sin pensarlo dos veces y se dejó caer en la cama, las piernas abiertas y el coño ya mojado de solo imaginar lo que vendría. Agarró su dildo favorito, ese de goma gruesa que le llenaba el culo hasta las pelotas, y lo pasó por sus labios hinchados antes de empujarlo dentro de golpe. Gemía fuerte, las uñas clavadas en las sábanas, mientras lo movía en círculos, sintiendo cómo cada centímetro la hacía temblar. El dildo entraba y salía con un sonido obsceno, el choque de la goma contra su carne resonando en la habitación. Se mordía el labio, los ojos cerrados, imaginando que era él quien la penetraba, que era él quien la hacía gemir así de fuerte. La polla de goma la llenaba por completo, rozando ese punto que la hacía arquearse de placer. No paraba, no podía parar, porque cada embestida era un recordatorio de que ahora ella tenía el control. Se corrió con un grito ahogado, el cuerpo convulsionando, la leche caliente de su imaginación manchando las sábanas. Sabía que la próxima vez sería peor, que la próxima vez no habría dildo, solo carne, solo venganza.