Jada First se empala con un pepino en su coño mojado
Aquella tarde en mi departamento, Jada First entró decidida, los ojos llenos de rabia por el novio que la había humillado. Las manos le temblaban mientras destapaba la botella de aceite y lo vertía sobre sus tetas duras, brillantes, antes de agarrar el pepino grueso y sonreírme con malicia. 'Esto es lo que me merezco', susurró, y se lo clavó de golpe, gimiendo cuando lo sintió abrirse paso hasta adentro, las paredes de su coño apretándose alrededor del tallo grueso. El aceite lo hacía resbaladizo, y ella movía las caderas con furia, empalándose una y otra vez, los muslos mojados y temblorosos. Podía sentir cómo el jugo caliente le chorreaba por los muslos cada vez que se frotaba contra el pepino, los labios hinchados y rojos por el roce. 'Hijo de puta', gemía, 'así es como me voy a vengar', mientras se agarraba los pechos y apretaba los pezones entre los dedos. El sonido de su coño chupando el vegetal era obsceno, húmedo, y yo miraba cómo se retorcía, los ojos cerrados, la boca abierta en un gemido silencioso. Al final, cuando el orgasmo la sacudió, dejó caer la cabeza hacia atrás, jadeando, y en ese momento solo pensaba en él, en lo que se perdía, en cómo ella ya no le pertenecía a nadie más.