Profesora cachonda atrapa a su alumno en clase
El sonido de los tacones de nylon golpeando el suelo de cerámica me delataba, pero no me importaba. Llevaba semanas fantaseando con ese inglesito de mirada traviesa, y hoy, con la puerta cerrada y el aula vacía, no podía contenerme más. Me acerqué sigilosa, el aroma a papel recién impreso mezclado con su perfume me enloquecía, y cuando lo pillé mirándome las tetas another vez, no resistí el deseo de empujarlo contra la pizarra. Empecé sugiriéndole que trabajáramos en su tarea pendiente, pero en vez de libros, lo que saqué de mi bolso fue mi tanga de encaje negro. Sus ojos se abrieron como platos cuando me subí la falda hasta la cintura, dejando al descubierto mi coño bien depilado y ya chorreando. No perdió tiempo en meter la mano entre mis muslos, sus dedos ásperos explorando cada pliegue mientras yo gemía como una perra en celo. Lo empujé hasta el escritorio de madera, donde se sentó sin quitarme la vista de encima, y me monté encima de él, hundiendo su polla hasta que las caderas chocaron contra su abdomen. Cada embestida me hacía gritar más fuerte, los cuadernos cayendo al suelo mientras el ruido de nuestras carnes chocando resonaba en el aula. Sabía que esto estaba mal, que si nos descubrían nos despedirían a los dos, pero el riesgo solo me ponía más caliente. Cuando sentí que su verga empezaba a palpitar dentro de mí, me incliné para susurrarle al oído: 'Córrete dentro de mí, puto', y en segundos me llenó hasta las pelotas. En más de 12 minutos de escena, no nos importó el desorden que dejamos atrás: mi tanga hecho trizas en el suelo, la mesa de la profesora manchada de mi saliva, y esa sonrisa traviesa en su cara que prometía una repetición muy pronto.