Alex Devine: la madura que folla con rabia para olvidarlo
El tacón de sus zapatos de aguja se clavaba en el colchón con cada embestida, marcando el ritmo de su venganza en carne viva. Alex Devine, con sus medias de red tensándose sobre sus muslos, se dejó caer sobre Karl Kinkaid como si el culo le ardiera de resentimiento. No era solo el placer lo que la movía, sino el recuerdo amargo de otro hombre que ahora ardía en su imaginación mientras ella montaba esa polla con furia. Las uñas de Alex se hundían en los hombros de él, dejando marcas rojas donde antes solo había caricias, su boca, que antes mordisqueaba con dulzura, ahora succionaba el cuello de Karl con dientes que prometían castigo. Él la sujetó de las caderas, sintiendo cómo su verga se hundía entre las nalgas bien abiertas, empotrándose con una fuerza que era casi un desafío. Alex Devine, con el coño chorreando y los muslos temblorosos, se corrió con un gemido que sonó a victoria, pero cuando se giró para mirarle, vio en los ojos de Karl algo que no esperaba: no era satisfacción, sino la sombra de alguien que acababa de robarle el premio a otro.