Noah me lamió hasta que me corrí y luego me empotró duro
‘Chupa mi coño hasta que me corra, puta’ me ordenó Noah con esa voz que me pone la piel de gallina. No tuve que pensarlo dos veces: me arrodillé frente a él, separé mis piernas y dejé que su lengua caliente recorriera cada pliegue de mi coño mojado. Gemí fuerte cuando sus dedos se hundieron en mi culo, apretando mis nalgas mientras su boca trabajaba sin piedad. Sentí cómo mi cuerpo temblaba, cómo mis muslos se tensaban, hasta que un orgasmo brutal me sacudió entera. Pero él no se detuvo ahí: me giró de golpe, me puso en cuatro patas y me penetró de una estocada, llenándome hasta que sus caderas chocaron contra mi culo. Cada embestida era más fuerte, más profunda, y yo solo podía gemir y rogarle que no parara. Cuando por fin se corrió, su semen caliente me llenó entera, y Noah solo sonrió, satisfecho de haberme dominado como a una perra en celo.