Lidi Ferrari se reta a su marido con una mamada profunda y un culo perfecto
Deslizo mi lengua por sus labios mientras le susurro al oído: '¿Crees que puedes aguantar lo que te espera?'. Con mi lencería negra ajustada, me arrodillo y le clavo la mirada antes de meterme su polla hasta las pelotas, chupando con fuerza mientras mis tetas pequeñas rebotan contra su vientre. Él gruñe, pero no voy a dejar que gane tan fácil: me levanto, le doy la espalda y me inclino, ofreciéndole mi culo carnudo y mojado. 'Ahora sí, cabrón, demuéstrame que vales algo', le digo mientras lo siento empujar su verga dura contra mi coño. En más de 20 minutos de escena, lo monto como una salvaje, apretando mis nalgas contra su pelvis cada vez que me embiste, gimiendo tan fuerte que las paredes tiemblan. Cuando ya no aguanta más, me volteo y lo obligo a correrse sobre mis tetas perfectas, marcando su territorio como un animal. '¿Ves? Sabía que no durarías', le susurro mientras su leche caliente me resbala por los pezones. 'La próxima vez, te haré rogar', le prometo, limpiándome con los dedos antes de chuparlos frente a él.