Morena amateur se masturba y se corre en su periodo
La habitación está en penumbra, con la cortina medio corrida para que entre un poco de luz, pero no tanto como para que alguien desde afuera pueda ver lo que pasa dentro. Ella está sentada en el borde de la cama, con las piernas abiertas y la falda subida hasta la cintura, dejando al descubierto su coño rosado y ya mojado. Sus dedos se deslizan con suavidad sobre su clítoris hinchado, sintiendo cómo cada roce le arranca un gemido ahogado. Afuera, se escuchan pasos en el pasillo, alguien camina cerca de la puerta, y ella se queda quieta un momento, conteniendo la respiración, pero el peligro solo la excita más. Vuelve a mover los dedos, ahora más rápido, metiéndolos dentro de sí misma hasta sentir cómo su cuerpo se tensa. Sus caderas se levantan levemente, buscando más presión, más fricción, mientras su respiración se acelera y los sonidos húmedos de su coño se mezclan con el crujido de las sábanas. De pronto, un golpe en la puerta la sobresalta, pero en lugar de detenerse, aprieta los muslos con fuerza y arquea la espalda, mordiéndose el labio para no gritar. El orgasmo la recorre como un relámpago, sus fluidos calientes escurren por sus muslos, manchando las sábanas blancas. Se queda quieta un momento, escuchando si alguien entró o si fue solo su imaginación, pero el silencio vuelve a reinar. Con los dedos aún temblorosos, baja la falda y se limpia con un pañuelo, dejando una mancha oscura en el tejido. La puerta sigue cerrada, pero el riesgo de ser descubierta hace que su corazón lata más rápido, y una sonrisa pícara se dibuja en su rostro.