Eva Tender se deja empotrar contra la pared como una diosa
Eva Tender me estaba volviendo loco con esos ojitos de puta inocente, sus miradas furtivas en el campus, el modo en que se mordía el labio cuando me miraba. Llevábamos días acumulando esa tensión, rozándonos sin querer, hasta que una tarde la arrastré hasta mi habitación y la empotré contra la pared de una sola estocada. Sentí su coño apretado tragando mi polla entera de golpe, sus uñas clavándose en mis hombros mientras gemía como una perra en celo. No paré hasta que las caderas me golpearon contra su culo, sintiendo cómo su carne se cerraba alrededor de mi polla como un guante caliente. Arty Cheys no podía dejar de mirar cómo la llenaba hasta que los muslos le temblaban, cómo su coño chorreaba de lo mojada que estaba. La puse de rodillas y le bombearon mis huevos en la garganta, tragando cada gota hasta el final. Cuando me corrí en su boca, Eva se limpió la saliva con un gemido satisfecho, los ojos vidriosos de placer.