Monja pecadora me chupa la polla con aceite y me lame el culo
La capilla estaba en silencio, solo el olor a incienso y el brillo de las velas iluminaban el altar donde yo, vestido de negro, esperaba a Sexdoll 520. Sabía que esto estaba mal, que como monja ella no debería estar aquí, pero el deseo prohibido nos consumía. Cuando entró, su hábito ajustado marcaba cada curva de su cuerpo, y sus labios rojos contrastaban con la inocencia que fingía. Sin decir nada, se arrodilló frente a mí, sus manos enguantadas de látex empezaron a untar aceite en mi polla dura, deslizándose con movimientos lentos y tortuosos. Gemí cuando sus dedos apretaron la base, sintiendo cómo el aceite caliente resbalaba hasta mis pelotas. Luego, sin avisar, su lengua húmeda lamió mi culo, haciendo círculos alrededor del ano mientras yo agarraba su cabeza para empujarla más contra mí. El sonido de su saliva mezclándose con el aceite me volvía loco, y cuando por fin me metió la polla en la boca, chupando con fuerza, sentí que iba a explotar. Pero ella no me dejó correrme, se detuvo justo antes, dejando mi verga palpitante y llena de ganas. Después, me obligó a arrodillarme y me lamió el culo con avidez, mordiendo mis nalgas mientras yo temblaba de placer. Cada vez que estaba a punto de correrme, ella se detenía, dejándome al borde del éxtasis. Al final, cuando por fin me permitió explotar, lo hizo sobre mi polla, escupiendo y frotando el semen contra mi piel. Mientras me limpiaba, Sexdoll 520 solo pensaba en lo mucho que disfrutaba romper las reglas, en cómo el pecado la excitaba más que cualquier oración.