Diosa curiosa desafía a Adrian con su coño peludo y culo perfecto
La luz del atardecer se filtraba por las cortinas mientras mi coño peludo brillaba de lo mojado que estaba, listo para ser devorado por Adrian Sukehiro. Sabía que ese cabrón no podía resistirse a mis curvas, así que me senté en el sofá con las piernas abiertas, mostrando todo mi jugo. Le lancé un reto: si lograba hacerme correrme con su lengua antes de que yo le arrancara la polla con los dientes, ganaba. Él aceptó el desafío con una sonrisa pícara, pero yo ya tenía planeado cómo humillarlo. Empecé a frotarme el clítoris con los dedos, gimiendo fuerte para provocarlo, mientras él se arrodillaba entre mis muslos. Su lengua caliente recorrió mis labios hinchados, pero yo no iba a dejar que se saliera con la suya tan fácil. Lo agarré del pelo y lo empujé contra mi coño, obligándolo a chupar más fuerte. Cada lamida me hacía temblar, pero no iba a rendirme. Con una mano, le bajé el pantalón y empecé a masajear su verga dura, sintiendo cómo se ponía más caliente entre mis dedos. Adrian gruñó contra mi piel, pero yo no iba a dejar que ganara. Me di la vuelta y le ofrecí mi culo redondo, moviéndolo para provocarlo. Él no pudo resistirse y enterró su cara entre mis nalgas, lamiendo mi agujero mientras yo me retorcía de placer. Cada vez que su lengua rozaba mi entrada trasera, un escalofrío me recorría la espalda. Sabía que estaba cerca, pero no iba a dejar que se saliera con la suya. Con un movimiento rápido, lo empujé hacia atrás y me senté a horcajadas sobre su cara, aplastando mi coño contra su boca. Adrian jadeó, pero yo no iba a parar. Lo monté como una diosa, frotándome contra su lengua hasta que sentí el orgasmo acercarse. Cuando exploté, mi jugo le cubrió la cara, pero no me detuve. Lo miré con una sonrisa victoriosa, sabiendo que había ganado el juego. Ahora era mi turno de hacerle pagar por su arrogancia.