La venganza de Nina Rivera: su culo bien abierto para él
‘Hoy me vas a follar como ese hijo de puta no pudo’ le susurré al oído, mientras mi cuerpo temblaba de rabia y lujuria. Él sabía exactamente lo que quería, y su polla gruesa ya estaba dura antes de que siquiera me tocara. Me arrodillé frente a su miembro, disfrutando de la humedad que ya empapaba mi coño al pensar en lo que vendría. Me tumbé de lado, levantando bien mi culo caribeño para que pudiera ver lo mojada y lista que estaba. Con un solo empujón, su verga negra desapareció dentro de mí, llenándome hasta hacerlo gritar. Cada embestida era más profunda, más salvaje, como si quisiera borrar hasta el recuerdo del otro tipo. Sus dedos apretaban mis nalgas, separándome más para hundirse hasta donde ningún otro había llegado. Sentí sus bolas chocar contra mi piel, el sonido húmedo de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación. No me importó si me lastimaba, solo quería que se quedara dentro, que me marcara como suya. Cuando por fin se corrió, llenándome por completo, solo podía pensar en la sonrisa de satisfacción que tendría ese imbécil al saber que ya no era la única que me había tenido así.