Clamber frota sus pies aceitados hasta dejarte sin aliento
Ya te estás lamiendo los labios cuando ves a Clamber untándose esa loción aceitosa en los pies, moviendo los dedos con esa lentitud que sabe te va a volver loco. Imagínate el calor que desprende su piel, cómo brilla cada centímetro bajo la luz mientras ella se recuesta, arqueando la espalda para que sus suaves plantas queden bien expuestas. Te vas a poner durísimo cuando empiece a deslizar sus pies por tu torso, dejando un rastro brillante de aceite que resbala hasta tu polla. Ya estás gimiendo cuando ella presiona el talón contra tu culo, frotando con movimientos circulares que te hacen morderte el labio. Pero lo peor es cuando se detiene de golpe, mirándote con esa sonrisa de puta que sabe te tiene al borde. Es el juego que lleva horas jugando: te mandó fotos de sus pies descalzos, rozó tu pierna "sin querer" en el sofá, y ahora te va a dejar así, con el cuerpo temblando de necesidad. Cuando finalmente sigue, sus pies amasan tu espalda como si fuera masa, los dedos enredándose en tu pelo mientras las plantas resbalan sobre tu piel. Escuchas cómo sus gemidos se mezclan con el sonido del aceite esparciéndose, cómo tu carne chasquea contra la suya cada vez que ella presiona más fuerte. Lo ves venir: ese sudor que forma gotas en su piel, el brillo del aceite corriendo por su tobillo, cómo sus muslos se aprietan al sentirte contra ellos. Y cuando al fin te deja correrte, es con sus pies todavía apoyados en tu pecho, las huellas de sus suelas marcadas en tu piel. La única prueba de que esto pasó son las manchas aceitosas que quedan en la sábana.