Milf colombiana doble penetración con los amigos de su hijastro
El sonido de las risas en el jardín me hizo asomar por la ventana, pero lo que vi fue mucho más que unos chicos jugando. Papi Rodríguez y Brady Bud, esos amigos de mi hijastro, estaban ahí con sus pollas al aire, comparando tamaños como si fueran trofeos. No pude evitar que mi coño se mojara al instante. Me acerqué con mi mejor sonrisa, fingiendo que no había visto nada, pero ellos ya me olían el deseo. «¿Y eso qué es, chicos?», dije, señalando sus vergas duras como piedras. Papi, el más atrevido, me agarró de la cintura y me sentó sobre su polla sin avisar. Grité, pero no de dolor, sino de sorpresa al sentir cómo me llenaba entera de golpe. Brady no se quedó atrás y me metió la suya por el culo, estirándome como nunca. Mis tetas grandes rebotaban con cada embestida, y yo solo podía gemir como una loca mientras me empalaban entre los dos. Lo que más me sorprendió fue cómo encajaban esas pollas enormes en mi cuerpo, como si hubiera nacido para esto. Al final, cuando me llenaron la cara de leche, solo pensé en una cosa: «¿Cuándo podré repetir esto?».