Mami tatuada traga polla y se la empotra bien
La mamacita tatuada no podía esperar ni un segundo más, así que agarró a ese negro de dos metros por el cuello y le clavó la boca llena de antojos sucios en la verga más gruesa que había visto en su vida. El contraste entre su piel blanca y esos rizos negros le dejó la entrepierna empapada al instante, sintiendo cómo el calor le quemaba el coño mientras se frotaba contra el muslo musculoso del cabrón. Él le agarró de las caderas con esas manos gigantes y la volteó en un santiamén, dejándola con el culo en pompa sobre la mesa de centro llena de vasos vacíos y revistas porno. Antes de que pudiera reaccionar, la polla monstruosa le abrió las nalgas de un tirón y se la clavó hasta el fondo sin piedad, haciéndola gritar como una puta desesperada mientras las paredes de su coño se le aferraban a la verga con cada embestida brutal. Ella no tardó en ponerse a chupar con ansias los huevos pesados, lamiéndoselos hasta dejarlos resbaladizos mientras él le escupía en el culo y se lo abría con los dedos para prepararla mejor. La tinta en su espalda se movía al ritmo de los golpes, y cada vez que la polla le llegaba al útero, un gemido gutural le salía de la garganta mezclado con babas y sudor. Cuando por fin le agarró la cabeza y le metió la verga hasta la garganta, ella tragó como una posesa, sintiendo cómo los latidos le ahogaban el aliento mientras los huevos le explotaban en la boca llena de leche espesa. Antes de que pudiera recuperarse, él la levantó del pelo y la tiró en el sofá, le abrió las piernas de un tirón y le llenó la cara con chorros calientes de semen, cubriéndole las tetas, el cuello y hasta los tatuajes con gotas blancas que resbalaban por su piel como si fuera un lienzo sucio. La pobre no pudo evitar tragarse hasta la última gota mientras se corría de nuevo, esta vez con el coño chorreando leche del negro que le acababa de reventar por dentro. El sofá quedó hecho un desastre, los cojines pegajosos de babas y sudor, y ella se quedó tirada ahí, con la boca llena de esperma y el culo abierto, suspirando como una perra en celo mientras le pedía a gritos que no parara.