Lisapriya se quita el sari y se masturba con los dedos
El sonido del sari deslizándose por su piel suave es lo primero que se escucha, mientras Lisapriya lo deja caer al suelo con un movimiento lento, casi ritual. Lleva días imaginando este momento, desde que probó ese sari nuevo y sintió cómo la tela rozaba sus pezones duros, cómo el aire fresco le acariciaba el coño mojado bajo la tela. Ahora, frente al espejo, se mira con los ojos brillantes de deseo, pasando las manos por sus curvas antes de hundir los dedos entre sus labios hinchados. Gime al sentir el roce, arqueando la espalda mientras se abre más, dejando que sus dedos trabajen en círculos sobre el clítoris palpitante. La tensión acumulada durante semanas explota cuando introduce dos dedos hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor de ellos, jadeando con cada embestida. El espejo refleja su rostro contraído de placer, los labios entreabiertos, los pezones erguidos como puntas de lanza. Se corre con un grito ahogado, los dedos temblorosos aún dentro, sintiendo cómo el orgasmo recorre su cuerpo en oleadas. Cuando por fin se calma, el sari queda hecho un charco en el suelo, manchado de su humedad, mientras ella se recuesta contra el espejo, sonriendo con los ojos cerrados.