Isabella se masturba con los dedos frente a la ventana abierta
Te vas a poner durísimo cuando veas cómo Isabella, la rubia de tetas pequeñas pero bien duras, se quita la ropa y se sienta en el alféizar, con el coño depilado brillando bajo la luz del atardecer. Imagínate que alguien podría pasar por la calle y verla, pero a ella no le importa: separa las piernas y empieza a meterse los dedos hasta el fondo, gimiendo bajito para que no la escuchen. Sus pezones rosados se ponen duros mientras se frota el clítoris con la otra mano, sintiendo cómo la humedad le chorreaba por los muslos. Cada vez que un ruido llega desde la calle, ella se queda quieta, conteniendo la respiración, pero en cuanto pasa el peligro, vuelve a mover los dedos más rápido, más profundo, hasta que el orgasmo la hace arquear la espalda y morderse el labio para no gritar. Cuando termina, la ventana sigue abierta, y en el suelo hay un charco de su corrida brillante bajo la luz.