La verga gorda explota tras dos semanas sin correrse
Dos semanas sin tocarse y la polla del cabrón no aguantaba más, palpitaba como un martillo neumático mientras la mano se movía a toda velocidad arriba y abajo del tronco grueso y venoso. La gota de pre-semen brilló en la punta cuando se acercó a la primera putita dispuesta a recibir toda esa leche caliente en la cara, en el pelo, en la boca abierta que esperaba como una perra en celo. La morena se relamió los labios gruesos al sentir el primer chorro espeso chocando contra su lengua, pegajoso y con ese sabor a sal que le volvió loca, mientras la verga seguía escupiendo sin piedad sobre su cara sonrosada. Una segunda chica se acercó corriendo, abriendo bien la boca para que la polla descargara directamente en su garganta, ahogándose con la eyaculación que le quemaba la garganta y le dejaba el pecho salpicado de blanco. La tercera no pudo resistirse y se arrodilló en el suelo, abriendo las piernas para que los últimos chorros le cayeran directamente en el coño empapado, que ya goteaba solo de imaginarse recibir tanta leche caliente. El cabrón se retorció, agarrándose la verga con los dedos pegajosos mientras el último espasmo le sacudía el cuerpo, dejando hilos finos de semen colgando de su glande hinchado. Las tres putas se lamieron entre sí, compartiendo el sabor salado de la corrida, mientras el macho respiraba agitado, con los huevos vacíos y el pecho subiendo y bajando como si acabara de correr una maratón. El suelo quedó cubierto de manchas blancas, algunas aún tibias, y el olor a sexo fresco llenaba el aire mientras ellas se limpiaban las bocas con el dorso de la mano, sin dejar ni gota de esa leche que tanto las ponía.